El problema como construcción moral
No se deben confundir la ética y
la moral.
El término ética se deriva de la
palabra griega ethos, que quiere decir lugar habitado por hombres y animales. La
acepción más conocida y difundida del vocablo ethos se presenta a
partir de Aristóteles, ligado a un conocimiento llamado precisamente ética.
La primera busca fundamentar la
manera de vivir por el pensamiento humano y la segunda se guía por la
obediencia a las normas, las costumbres y preceptos o mandamientos culturales,
jerárquicos o religiosos.
Filosóficamente la primera no
limita a la otra puesto que busca más bien la mejor forma de vivir. Tampoco han
de confundirse con la ley, aunque se complementan.
A diferencia de la ley, ninguna
persona puede ser obligada a cumplir las normas éticas, ni sufrir ningún
castigo, sanción o penalización por la desobediencia de estas, pero al mismo
tiempo la ley puede hacer caso omiso a las cuestiones de la ética.
Ahora bien, la moral puede formar
parte del actuar del ser humano y solo desde
el conocimiento de valores éticos y morales, el individuo puede considerar cuáles
son sus prioridades al momento de tomar decisiones trascendentes, actuando de
acuerdo a su realidad y contexto social.
Los niños cuando nacen tienen un
libro en blanco y sus líneas serán escritas de acuerdo a lo que viva durante su
existencia y la influencia de sus amigos y familiares en la construcción de su personalidad.
Nuestra vida es el resultado de
lo que hacemos, de nuestros actos, ellos definen lo que vamos siendo y hacia
dónde vamos.
A continuación comparto este video, y aconsejo precaución con las imágenes, ya que algunas son bastante fuertes.
Los valores morales nos permiten
apreciar respetar nuestro ambiente. Aspectos negativos como el egoísmo son el
resultado de conductas observadas por los conflictos de intereses sociales y
políticos, ya que luchan con valores positivos como la justicia, la
generosidad, la honradez, la sinceridad, la dignidad y la igualdad.
Emmanuel Kant formuló el concepto
de ética o moral autónoma, el cual provenía de la voluntad o del hombre mismo,
y por ende, la responsabilidad moral se sitúa en la conciencia del sujeto,
quién se da a sí mismo la ley moral que debe cumplir.
Para ello, volvemos al principio,
cuándo para ello es preciso saber ¿qué debo hacer y qué no? Para muchos resulta
curioso constatar que, en ocasiones, cuando uno quiere, no debes; y al revés.
Ante estas contradicciones, lo que se debe hacer es elegir. Y es allí, donde uno se construye a sí mismo.
¿Cómo actuar? ¿Soy libre o estoy obligado con
algunas acciones? ¿Quién pone las reglas de conducta moral? ¿Son las mejores?
¿Se pueden cambiar? El problema del deber ser nos lleva a tomar conciencia de
nuestra conducta; y donde se actuaba por actuar, ahora se actúa
conscientemente, dirigiendo la acción hacia la propia superación.

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